Coste de capital y coste de oportunidad: una pareja inseparable
El objetivo económico de una empresa es maximizar su valor. Para alcanzarlo, la rentabilidad sobre el capital invertido en las operaciones debe superar al coste del capital que lo financia, que incluye el coste de la deuda y el coste de oportunidad de los accionistas, al que se denomina, coste del equity.
Para desplegar todo el potencial de generación de valor económico los directivos deben trabajar en aras de maximizar la rentabilidad sobre el capital invertido en las operaciones, con un nivel de riesgo operativo moderado y minimizar el coste financiero del capital empleado, con un nivel de riesgo financiero acertado. Además, si el objetivo es, que la empresa incremente su valor con el tiempo, o sea, que valga cada vez más, deberá crecer realizando nuevas inversiones que generen una rentabilidad (ROIC) superior al coste de financiarlas.
LA RELACIÓN ENTRE LOS PROVEEDORES DE CAPITAL Y LA EMPRESA
Es importante comprender la relación que se establece entre los proveedores de capital y la empresa.
El inversor, o también llamado proveedor de capital (ajeno o propio) busca en el mercado dónde colocarlo para enriquecerse. Con este objetivo busca inversiones, empresas en este caso, que ofrezcan la mejor relación entre rentabilidad y riesgo. Es decir, no buscan las inversiones más rentables, sino las que puedan enriquecerles más sabiendo que, el enriquecimiento nace de la diferencia entre la rentabilidad y el coste del capital invertido, multiplicada por la cantidad de capital invertido, dado un nivel de riesgo.
Para la empresa, la financiación acarrea un coste financiero que tratará de minimizar. Me refiero al denominado coste de capital o coste medio ponderado de capital, también conocido extensamente como WACC -weighted average cost of capital-. En la mayoría de las ocasiones, abaratar el coste de capital implicará asumir mayor nivel de riesgo o apalancamiento financiero por lo que hallar la estructura óptima de financiación, aquella que abarata su coste con un riesgo asumible, es fundamental.
Además, la financiación de una empresa es un sostén de las operaciones. Si este apoyo no es suficientemente solido y eficiente en coste, la empresa terminará teniendo dificultades para desplegar su estrategia operativa y de crecimiento, creando valor. Por añadidura, si la estructura o el coste del capital no son acertados, se puede llegar a poner en peligro la sostenibilidad de una empresa en el tiempo.
Veamos ahora cómo se relaciona el proveedor de capital con la empresa, y la empresa con el proveedor de capital a través del concepto de coste de oportunidad. Imagina un cubo con sus tres dimensiones: ancho, largo y alto, que son iguales. Para calcular su volumen, intrincamos sus tres variables elevando al cubo su lado. Análogamente el concepto de coste de capital es tridimensional como el volumen de un cubo, por lo que cuando le asignamos un valor, éste nace de tres magnitudes que son: el coste de oportunidad, el riesgo y la rentabilidad esperada, que son iguales. Por ejemplo, un inversor espera una rentabilidad del 6% dado el nivel de riesgo al que expone su capital y en función de la rentabilidad que podría obtener en inversiones de riesgo similar, que determina el coste de oportunidad del capital. De esta forma, hablar de coste de oportunidad es también hablar de riesgo y de rentabilidad esperada.
Cuando el capital, propio o ajeno, se inyecta en una empresa, se expone a riesgo: el riesgo de que las expectativas de rentabilidad o los plazos esperados, no se cumplan. Es este riesgo el que el inversor espera ver retribuido, y el que marca la rentabilidad mínima esperada (ROIC) que debe generar el negocio, para no destruir valor.
Además, aparece el concepto de coste de oportunidad del capital, que mide la rentabilidad que podría obtener el capital si hubiese sido invertido en empresas de riesgo similar y mismo plazo. El concepto de coste de oportunidad es central a cualquier modelo de valor económico.
El objetivo primordial de las decisiones de financiación de una empresa es minimizar el coste de capital (WACC) con un nivel de riesgo asumible por las operaciones, para facilitar la creación de valor económico sostenidamente en el tiempo.
Revisemos la fórmula del WACC. El coste medio ponderado de capital, suponiendo que solo existan dos fuentes de financiación, se calcula como coste de la deuda después de impuestos, multiplicado por el porcentaje que la deuda representa sobre el total de capital sumado al coste del equity (que es después de impuestos) multiplicado por el porcentaje que el equity representa sobre el total de capital. Si hubiera más de dos fuentes de financiación con distinto coste, no tendríamos mas que ponderarlas agregando elementos a esta fórmula. Para empresas que no usan deuda, el coste de capital -WACC- será igual al coste del equity.
Veamos un sencillo ejemplo de aplicación de esta fórmula. Suponiendo una tasa de impuestos marginal del 30%, un coste de la deuda del 6% y un coste del equity del 12%, siendo la relación entre la deuda y el equity, a valor de mercado, 50-50, el coste de capital sería un 8,1%. El 8,1% marcando así la rentabilidad mínima que deben generar las operaciones para no empobrecer a los accionistas.
Nótese que al ser el coste del equity una tasa después de impuestos, ajustamos el coste de la deuda multiplicándolo por 1 – T, para transformarlo en un coste de la deuda después de impuestos. Así, el WACC se calcula después de impuestos y por este motivo, para compararlo con la rentabilidad sobre el capital invertido en las operaciones, ésta deberá calcularse después de impuestos también.
Cuando el WACC se usa para descontar flujos de caja libres de las operaciones, estos deberán ser estimados después de impuestos también.